Psicodiagnosticos-Psicoterapias

“Los hombres son fuertes cuando sustentan ideas fuertes, débiles cuando se oponen a ellas” Sigmund Freud.

La psicoterapia psicoanalítica va dirigida a aquellas personas que, por circunstancias actuales o por acontecimientos que se han ido jalonando a lo largo de la vida, cargan sufrimientos psíquicos de diversa índole.

Sabido es que las afecciones mentales integran una vasta gama que va desde dificultades en la elección de pareja o de carrera; de las tristezas pasajeras y desilusiones por agún proyecto que no prosperó hasta las depresiones más profundas; las obsesiones inmanejables; los estados de estrés crónico; las adicciones; las crisis de pánico, los trastornos por estrés post-traumático y los trastornos psicosomáticos, etc.

De los estragos que estos padecimientos pueden llegar a acarrear en la vida, sólo dan testimonio quienes los han padecido.

A esto se agrega la gradual convicción, después de reiterados fracasos, de que en soledad es casi imposible superarlos, por lo que tarde o temprano se necesitará acudir a un profesional especializado.

A veces los trastornos o problemas de orden psíquico, producen sentimientos de vergüenza y/o de culpa que impiden realizar la consulta adecuada y finalmente se opta por mantener en secreto el padecimiento.

Esto tiene consecuencias negativas.

No hay motivo real para avergonzarse o para sentirse culpable por tener que solicitar ayuda profesional. El único parámetro válido, no es la opinión ajena ni los prejuicios aún vigentes, sino el propio sufrimiento; el estancamiento en el que uno se pueda encontrar tanto en la vida afectiva como en el estudio, en el trabajo y en otros órdenes significativos de la vida. La única premisa válida es el deseo de sentirse mejor y de evolucionar como persona.

El ser humano no está preparado por su bagaje genético para soportar las grandes exigencias de la sociedad actual.

Ante la continua demanda de buen rendimiento y eficiencia que se plantea, la reacción de cada persona es impredecible. Algunos, logran un equilibrio a costa de grandes esfuerzos y desgaste psíquico. Otros, en cambio, en función de su vulnerabilidad constitucional y de los avatares de su infancia y adolescencia terminan enfermando.

Es decir que, además de las condiciones psicosociales los desencadenantes individuales pueden llevar a que una persona enferme.

Recordemos entre otros, un desengaño amoroso, una pérdida importante en cualquier orden de la vida, la asunción de un nuevo rol como el paterno y el materno, la elección de carrera, la consolidación de una relación de pareja, la jubilación, etc.

En estos casos, pueden reactivarse antiguos conflictos infantiles sin resolver que dormían en lo inconsciente generando la eventual producción de síntomas.

Como conclusión, podemos afirmar que las situaciones humanas son todas diferentes. Cada vivencia es absolutamente singular y personal.

Por eso, desde la medicina siempre se ha sentenciado que "no existen enfermedades sino enfermos". Así que nos identificamos con la teoría y la práctica del padre del psicoanálisis, SIGMUND FREUD y tenemos como consigna humana y de trabajo escuchar respetuosamente al consultante para tratar de entender qué es lo que ha producido el malestar por el que atraviesa y ayudarlo a resolver sus dificultades.

Campo de Trabajo

Niños y adolescentes

Desde hace mucho tiempo se considera que el germen de la salud o de la enfermedad psíquica termina de constituirse en las primeras etapas de la vida. De ahí la importancia que tiene la prevención primaria. Pero cuando ésta no ha sido suficientemente exitosa se hace necesario la asistencia y el adecuado tratamiento.

Los trastornos que aparecen en la infancia, niñez y adolescencia se pueden clasificar según el área afectada predominante.

Mencionamos así:

  • Área somática
  • Área emocional
  • Área del desarrollo
  • Área intelectual
  • Área conductual

El mundo de los niños y adolescentes tiene características muy especiales, ya que son personas que están en tránsito hacia la juventud, que están consolidando su identidad y que tienen problemas típicos, que muchas veces se prolongan en la adultez dando por resultado el famoso "síndrome de Peter Pan".

Es por eso que las técnicas de diagnóstico y tratamiento que se pueden implementar son de índole particular.

Ese mundo del niño y del adolescente, las crisis por las que atraviesan, la necesidad de orientación vocacional y laboral, y de definición de la identidad sexual y su dependencia de los adultos, requieren de profesionales entrenados durante años que puedan entenderlos y ayudarlos a superar sus conflictos.

Problemas de conducta agresiva en el hogar y/o en la escuela como el tristemente novedoso"bullying"; el despertar sexual precoz o perturbado; las adicciones; los embarazos prematuros e indeseados; dificultades en el aprendizaje; los conflictos con los padres y docentes; conflictos devenidos de la no aceptación límites y de la autoridad; los problemas psicosomáticos; los trastornos de alimentación; de inserción laboral; y muchos otros indican la conveniencia de la intervención de un profesional idóneo.

Adultos y adultos mayores

A los clásicos trastornos que se presentan en la clínica (neurosis obsesiva, neurosis histérica, fobias, psicosis, etc), en los últimos tiempos se han ido agregando ciertos síndromes propios de una sociedad con nuevas problemáticas.

Ejemplo de ello son los ataques de pánico, que reconocen una etiología plural somatopsíquica, las depresiones recurrentes, que con frecuencia requieren la indicación de tratamientos psicofarmacológicos paralelos al psicoterapéutico, el síndrome de fatiga crónica, el actual "síndrome de burn out" y varios otros. Todo esto se agrega a los clásicos problemas de pareja, de divorcio, de relación paterno filial, de rematrimonio y adaptación a la famila ensamblada, el frecuente "síndrome de nido vacío", de aceptación de limitaciones por enfermedad y de pérdidas dolorosas, de ingreso a la tercera edad, de adaptación a la viudez, de desempleo y de reconversión laboral, de acoso laboral (mobbing) y/o sexual, etc. Estas son sólo algunas de las miles de situaciones en las que el dolor psíquico por angustia y depresión pueden ensombrecer la existencia.

El psicoanálisis surgió como respuesta a estos problemas y desde hace más de 100 años colabora con las fuerzas más positivas del ser humano para encarar la resolución de sus problemas vitales.

Pareja y Familia

La pareja supone a dos personas vinculadas entre sí por lazos de afinidad, de amor y sexuales.

Esos lazos pueden en algún momento entrar en crisis ya sea porque la relación se ha vuelto rutinaria y poco creatva, como por la aparición de conflictos que promueven el desentendimiento, el desinterés o la hostilidad que puede ir desde la mera descalificación y la violencia emocional hasta la violencia física.

La terapia de pareja proporciona una ayuda inapreciable para el esclarecimiento del tipo de vínculo y para encontrar una salida saludable en la dirección que fuere.La familia por su parte, tiene una dinámica propia en la que sus miembros, por obvia diferencia generacional, plantean expectativas y problemas diferentes y muchas veces contrapuestos.

La interacción entre sus miembros no tiene por qué ser totalmente armoniosa, pero a veces se llega a extremos de conflictividad de tal magnitud que se torna necesaria la presencia de un profesional que aporte claridad y ayude a resolverla.

Crisis psicológicas

La existencia humana conlleva la posibilidad de llegar a situaciones limite generadoras de intensa angustia.

Todo el mundo sabe del daño, a veces irreparable que producen esas crisis, tal como la toma de decisiones apresuradas que sólo apuntan a disminur el nivel de angustia o el daño que se puede llegar a infligir a uno mismo o a terceros.

Paralelamente, las situaciones de estrés que a menudo así se originan triplican el riesgo de accidentes cerebro y cardiovasculares.

El apoyo y sostén de un amigo o de un familiar son habitualmente insuficientes y frecuentemente resultan meros paliativos, ya que los motivos generadores de esas crisis continuarán insistiendo, con el peligro de que se repitan con más fuerza.

La consulta con un profesional experto no sólo puede proporcionar alivio y contención sino ser el punto de partida de cambios estructurales en la vida del consultante.