CADA VEZ MÁS GENTE ELIGE CELEBRAR LEJOS DE LA FAMILIA

Diario Crítica de la Argentina, edición 299, 28/12/2008
Director: Jorge Lanata
Sección Sociedad
Año Nuevo para los amigos
Mientras la Navidad se reserva para los parientes, en la última noche del año se elige con quién se quiere estar. La influencia de las vacaciones y la ilusión de volver a empezar.
Por Candelaria Schamun

Fiesta, fiesta. La música y las bebidas espirituosas son los dos ingredientes obligatorios de todas las celebraciones entre amigos. Nadie piensa en pedir vitel thoné.
Sebastián y su primo todos los años eligen un lugar distinto para pasar Año Nuevo. En 2007 metieron la parrilla en el baúl del Chevrolet Corsa, armaron un bolsito con las cosas básicas, viajaron ochocientos kilómetros y descorcharon en Mendoza. La ceremonia la repiten, la disfrutan y la esperan. “Sólo paso Navidad con mis viejos. Año Nuevo es para los amigos. Me hincha los huevos la furia de Buenos Aires entre el 30 y 31 de diciembre. Desde los dieciocho me voy en Año Nuevo. Ahora tengo treinta y creo que lo voy a seguir haciendo siempre que pueda”, explicó Sebastián, que en dos días parte para Pinamar.
En el festejo con amigos no hay la típica ensalada rusa de la tía, el vitel thoné que prepara la abuela, ni el lechón asado en el horno de la panadería del barrio. Tampoco está el primo de diez años dando vueltas con las estrellitas. Con amigos la cena es más espontánea. Por eso son cada vez más quienes celebran así.
“Navidad es una fiesta religiosa. Tiene un sentido altamente espiritual y familiar. Año Nuevo es una fiesta pagana. Se festeja el cambio de ciclo”, dijo la psicóloga Iris Pugliese para dar una explicación a esta costumbre.
Alejandra Rodríguez tiene 50 pirulos y dos hijos. Quiere recibir el 2009 en otro lugar que no sea Don Torcuato, donde vive los 365 días. Ella coincide con Sebastián: fin de año se pasa con amigos.
“Viajo a Villa Gesell el 30 a la mañana. La Navidad es familiar pero el 31 es para festejar con amigos. Si me quedo en Buenos Aires me agarra un bajón descomunal. Este año brindo con catorce amigos en la playa. Quizá use ropa blanca como hacen los brasileños. Con los íntimos es un festejo más relajado”, dijo Rodríguez, mientras realizaba los últimos preparativos para el viaje.
Sobre todo son los jóvenes quienes creen que festejar Año Nuevo acompañados de amigos es el plan perfecto: una forma de evitar la hipocresía de juntarse con familiares que sólo ven en esa fecha.

“Para fin de año siempre estoy de viaje. A los 25 fue la primera vez que decidí pasarla en Uruguay con una amiga. Año tras año repito la ceremonia de irme lejos de Buenos Aires, huyo de festejar alocadamente y siempre en lugares distintos”, contó Mercedes Paz. Lucas Alonso tiene 27 años, viaja a San Luis el 30 de diciembre y piensa brindar a las 12 al pie de las sierras puntanas. Sin nada de cohetes ni cañitas voladoras. “Es la primera vez que no paso Año Nuevo en La Plata. Decidí irme porque necesitaba buscar paz. El loquero de fin de año me mata. Quiero tomarme un vino mirando el cielo estrellado”, dijo Lucas que ya tiene el pasaje en el bolsillo.
Algunos quieren pero no pueden escapar de la familia. Es el caso de Gonzalo Ramírez, de 32. “Mi sueño es escaparme el 31 y no dar explicaciones. No escuchar los cohetes ni vivir el caos de Buenos Aires. No soporto abrazar gente que veo una vez por año.”
“Para las personas que festejan esta fecha en un lugar diferente se trata de un cambio, una ruptura de las obligaciones cotidianas. Expresa libertad el hecho de trasladarse y ver paisajes distintos demuestra creatividad. La gente se deprime más en Navidad. Año Nuevo abre las puertas a las vacaciones, la gente está más tranquila y con ganas de planear un nuevo ciclo”, opinó Pugliese.