¿QUÉ ME PASA? ¿YA NO LO AMO?

REVISTA LUNA EDITORIAL PERFIL Nº 893, DOSSIER
Por Edmundo Ambas. Informe, María Laura García.
Asesoramiento: Lic. Iris Pugliese.
Y pensar que nos volvía loca…Escucharle la voz por teléfono nos hacía correr frío por la espalda. Pensábamos que sin él la vida no tenía sentido. Hoy le descubrimos todos los defectos. A veces nos parece tonto; otras, nos aburre y, con frecuencia tenemos ganas de estar solas. ¿Se murió el amor para siempre? ¿O este éste es sólo el comienzo de una nueva etapa en la pareja?

Amar es sentir convulsiones secretas, cosas íntimas que se elevan hasta lo inconfesable. Por eso el amor contrariado -como decía Gila, el humorista español- es como un “dolor de muelas en el corazón, tan terrible que el único remedio conocido es llenarse ese corazón de plomo, como suele hacer el dentista con las muelas rotas”.
Que el amor se acabe, que alguien nos deje de querer, puede ser una tragedia.
Es como que de pronto, la cabeza, el alma y el cuerpo, que estaban llenos de fogonazos, de relámpagos luminosos, de goce sexual interminable, se sumergieran en la oscuridad más tenebrosa.
No sufre menos que el propio abandonado aquél que abandona, el que siente que su amor se fue desgastando con el tiempo, en esa lucha que algunas personas tienen contra los inconvenientes de una vida mediocre, demasiado distinta de la que –cuando estaban en la cumbre de la pasión -parecía un fuego inextinguible.
¿Qué es el amor entones? ¿Una ilusión? ¿Una trampa? ¿Apenas un disfraz del instinto sexual que la rutina finalmente agota? ¿No es inmortal el amor? Y si así como mueren los seres humanos, él también muere, ¿qué pasa con los que alguna vez creímos que el amor era eterno?
Si uno tiene las mismas ideas, las mismas aspiraciones y se entiende a la perfección en lo carnal con su pareja, ¿por qué de golpe aparece otra u otro, un tercero que atrae, seduce, enamora y termina por vaciar de sentimientos a aquellos que tanto parecían quererse?
Las preguntas son infinitas y totalmente diferentes para cada caso en particular. Vale la pena leer atentamente los testimonios de este dossier. Después, cada lectora sacará sus propias conclusiones acerca de las historias reales que aquí contamos y tal vez –por comparación– pueda vislumbrar dónde le pegan las experiencias de los demás.

CASO 1
ANA: TRISTEZA Y CULPA

Ana Serrano (28) trabaja como empleada en un comercio (el novio es músico y durante el día atiende un negocio de computación). Ella es informal, tranquila, le encantan Serrat y algunos grupos de rock nacional. Trabaja como empleada porque según ella “de algo hay que morir”, pero hasta hace unos años vendía artesanías.
Ana vive en un departamento de un ambiente lleno de velas, sin heladera. Hay un sahumerio prendido en el modular y un viejo televisor apagado. Está triste. “Dejar de estar enamorada –suspira– es más doloroso que no ser correspondido. Cuando vos te das cuenta de que te cansaste del otro o de que ya no da para más… te sentís muy culpable. Nosotros intentamos todo, hicimos un viaje, hicimos terapia, hicimos de todo. Estuvimos saliendo tres años y después nos fuimos a vivir juntos. En total, probamos seis años”.
Su hipótesis es que ni ella ni su novio piensan ya como cuando tenían 20 años, que se fueron cansando. “No sé qué fue exactamente lo que me hizo dar cuenta de que ya no daba para más –confiesa-, en realidad todavía me lo pregunto. Ahora no estamos viviendo juntos pero nos vemos… salimos cama afuera como quien dice”.
Lo que va a decir a continuación es esencial para entender qué le ha pasado a Ana: “No sé, me sentía vieja… Además, ¿viste cuando todo lo que el otro dice te parecen pavadas? Me acuerdo de que antes me quedaba escuchándolo hablar sobre música y criticando cantantes hasta cualquier hora… pero últimamente todo lo que decía me parecía una tontería, siempre el mismo discurso de superado, no sé, no sé”.
La culpa la amordaza. No quiere hablar más: “Pobre, se acongoja…. lo estoy matando, no es malo y hay cosas de él que me dan mucha ternura, pero no sé si podemos seguir juntos, creo que no lo quiero más o, por lo menos, necesito ver qué me está pasando”.

CASO 2
HAYDÉE: CONVIVENCIA Y HORROR

Haydée Giménez (39, dos hijas) es viuda. Vendedora de seguros, rubia, atractiva y elegante, despliega una enorme simpatía pero se mantiene distante, desconfiada. Cuenta su propia historia desde ese lugar, quizás porque ya no quiere conmoverse o sufrir más.
“Yo ya tuve una mala experiencia en mi luna de miel… igual continué, pero llegó un momento en el que las preguntas se me hicieron inevitables: “¿Qué hago con él? ¿hacia dónde voy con este matrimonio?”. Yo creo que una pareja se tiene que levantar entre dos, pero el hombre muchas veces es destructivo, no sabe transmitir las cosas, no sabe comunicar. Siempre era yo la que hablaba. Hicimos terapia de pareja y encuentros matrimoniales, pero fue inútil”.
También en el caso de Haydée hay una frase lapidaria que refleja hasta qué extremos llegó lo que ella misma denominó su “proceso de desenamoramiento”. Dijo textualmente: “Convivir con alguien de quien ya sospechas que no lo querés es horrible”.
Cuando se le preguntó cuáles fueron los desencadenantes de esos sentimientos, fue terminante: “Te van desenamorando muchas cosas, actitudes, todo. Se te van las ganas de todo, ya no querés compartir la mesa, no querés compartir la intimidad. Hasta te molesta el ruido de la puerta cuando va a entrar, no tenes ganas de que llegue. Mientras él trabajó afuera era más fácil, pero cuando empezó a trabajar en casa ya resultaba insoportable.
No lo podía dejar porque creo que también yo estaba enferma. Es como que sentís que lo necesitas, no emocionalmente sino por la vida práctica. Cuando no hay trabajo y tenés dos nenas, ¿qué podes hacer?”.
Su forma de pensar y sentir es similar a la de Ana. “Como mujer, cuando dejas de estar enamorada cambias mucho –sostiene-, hacés un duelo, un largo duelo. Lo que pasa es que hacerlo al lado de tu marido es insoportable. Te sentís muy culpable, sentís que la culpa es tuya porque no sos capaz de responderle a lo que él cree que necesita”.

CASO 3
JOHAN: LAS CUENTAS CLARAS

Johan Planer (26, licenciado en Economía) parece muy profesional y analiza todo en términos económicos. Tarda mucho en contestar cada pregunta. Hay que sacarle las respuestas con tirabuzón. Se viste muy bien, usa anteojos para sol, oscuros, tiene muy buen cuerpo y le gusta mucho viajar.
Como no podía ser de otra manera, por su forma de ser, con sinceridad pero como si se tratara de un teorema, enfatiza las dificultades que tuvo para comunicar sus emociones. “Cuando te das cuenta de que no estás tan enamorado –señaló– es difícil decirlo. Sobre todo si ya conoces a los padres o si hace mucho que ella está al lado tuyo. Hay muchas variables a tener en cuenta en una pareja: el tiempo que hace que están juntos, el tiempo que invertiste en la relación y el tiempo que el otro invirtió en la relación. Todo eso hace que sea más difícil terminar con una pareja aunque ya no sientas lo mismo”.
La frialdad de su análisis no deja resquicios para los sentimientos. Al menos, él no los expresa. “Yo salí con una chica durante bastante tiempo -acepta finalmente-, más o menos dos años, pero seis meses antes de cortar me di cuenta de que no funcionaba, de que yo no estaba tan enamorado, que había dejado de quererla. Me quedé porque todos mis amigos tenían noviazgos largos y pensé que era yo el que no estaba haciendo el suficiente esfuerzo. Pero igual no funcionó”.
Recursos no le faltaron, sin embargo, para resolver la situación.
“Un día estaba tan cansado que me fui a una agencia de viajes y compré un paquete turístico a cualquier parte donde me llevara mi dinero. Me alcanzó para irme a las Islas Canarias una semana y me fui ese mismo día. La llamé antes de irme y le pregunté si quería venir, me dijo que estaba loco y me fui. Me sentí muy bien y lo necesitaba para recargar mis pilas”.
Su mirada sobre el amor no es muy romántica. “La relación es como una cuenta bancaria –compara– y uno tiene que tener siempre su saldo en positivo”.

CASO 4
SARAH: EL AMOR DURA POCO

Sarah Andresani (43, casada, ama de casa, dos hijos varones) es de mediana estatura. Habla poco y en voz muy baja, casi susurrando. Se nota que está muy enojada con su marido. Asiste a un grupo de autoayuda del taller Volver a Empezar: “Nosotros estamos casados desde hace 19 años y hace bastante tiempo que mi matrimonio no es lo mismo de antes. Al principio pensaba que era la rutina, que los chicos nos habían separado un poco, también llegué a pensar que mi menopausia había incidido, pero ahora me estoy dando cuenta de que todo viene desde hace mucho. En realidad, dejamos de querernos los dos.”
Luego de relatar su historia laboral y la de su marido, vuelve al tema que la obsesiona: “Nosotros casi ni nos hablamos, a veces si los chicos no están él mira televisión y pasan horas y horas sin que nos dirijamos la palabra. Yo me voy de la habitación, me preparo algo, un mate, y me quedo en la cocina, tampoco tengo ganas de quedarme al lado de él sentada mirando televisión. Creo que mi matrimonio ya no es un matrimonio. Es difícil vivir así. El amor dura poco, dura hasta que llegan los chicos. Después ya tenés un montón de preocupaciones y no te queda tiempo para pelear la pareja. La verdad, te digo que no me gustaría ni siquiera volver a enamorarme… No, porque una se pone muy tonta cuando está enamorada y no ve las cosas como son realmente”.

CASO 5
NATALIA Y EL AUTOENGAÑO

Natalia Gilabert (24, estudiante de Psicología) ahora está en una relación que considera buena, pero relata la experiencia de su noviazgo anterior, que duró cuatro años. “No es que me di cuenta de la noche a la mañana –advierte-, pasaron muchos meses hasta que supe que la cosa no iba.
Una se autoengañó: seguro que esto que me molesta, más adelante va a cambiar, que todo es porque salimos desde que somos muy jóvenes… Es difícil aceptar que una no está más enamorada, sobre todo a mí que cuando me enamoro soy totalmente exagerada y enseguida incluyo al otro en mi mundo, lo incorporo a mi vida. Igualmente, estar enamorada es hermoso, es triste cuando dejás de querer porque quedás un poco vacía. Pero pasa.”

Probablemente en todos los casos que aquí consignamos hubo enamoramiento, que luego no terminó de madurar. No es sencillo permitir –como dice Natalia- que otra persona penetre en nuestro mundo privado. De modo que cuando eso sucede es de tremenda relevancia para nuestra felicidad personal.
Pero es justamente en esos momentos de enamoramiento cuando empiezan a tallar las cuestiones fundamentales: la sexualidad, la admiración y el respeto mutuo, la capacidad de ser egoísta en el amor pero generoso en las libertades que se ofrecen a la pareja, la forma de comunicar las emociones, todo un verdadero conglomerado de conflictos, sensaciones y pensamientos que terminan por afirmar, disolver y hasta destruir de mal modo un vínculo.
Quienes saben que el amor es una acción constante que se repite, no beben temer la rutina. No es el acostumbramiento lo que mata al amor sino todo lo contrario: la idea romántica e irrealizable en la vida real de que se puede vivir a los saltos, en eterna idealización de otra persona.
Quizás a la inversa de lo que nace de la pasión, el amor ya no produce asombro, ya no maravilla, no golpea, no impacta, no obsesiona. Pero sí genera revelaciones plenas de sentido, de riesgo, de potencia, de humor, de plenitud, sustancias que son el único alimento del alma, misteriosamente esenciales para el goce continuo de los sentidos.

LA MEDIA NARANJA ES UNA ILUSIÓN

Esther Heffesse, coordinador del taller del Hospital Pirovano ¿Qué nos sucede vida? Cree que es posible tomar ciertos recaudos para proteger las relaciones de pareja: “Por lo general –sostiene- cada miembro de la pareja piensa que tiene razón, y los dos tienen que pensar que deben colaborar si quieren lograr reparar la pareja. Es un proceso largo y no de un día para el otro, lleva su tiempo. En una pareja lo que al principio son durezas con el tiempo se van convirtiendo en piedras. La pareja necesita aire, no hay que vivir pendiente de lo que hace el otro, sino que cada uno debe tener su propio proyecto de vida e integrarlo a la relación. Tampoco hay que esperar que el otro me dé lo que no me estoy dando yo misma, eso es algo personal: el otro viene a compartir. No va lo de mi media naranja, tiene que ser una naranja entera para cada uno. Día a día se puede ir nutriendo y mejorando el vínculo. En muchos casos las cosas se arreglan con una buena comunicación, parece mentira que en esta época en la que se hace tanto hincapié en eso muchas parejas no hablen: hablar es algo fundamental”.

LAS ETAPAS DEL ENAMORAMIENTO

Hipervalorización del objeto de amor: “Es maravilloso”.
Idealización en perjuicio de la propia autoestima: “No soy nada sin él”.
Primeras decepciones: “No puede ser que me diga esto”.
Autodiagnóstico de la situación: “Ya no lo amo” o “Ya no lo quiero como antes, pero lo quiero de otra manera”.
Cuando el enamoramiento se apacigua, la pareja se hace más creativa y puede elaborar proyectos que contemplen los intereses de cada uno, aceptando las fortalezas y debilidades de cada integrante.

CóMO RECONOCER LA ADICCIóN A LA PAREJA

Déficit afectivo

Baja autoeficacia (”no me basto a mí mismo”)
Vulnerabilidad a la ruptura afectiva (”me siento frágil sin él”)
Baja autoestima (”nos soy querible”)
Bajo auto concepto (”no soy valiosa”)

Miedos

Al desamparo y la desprotección.
Al abandono.
Al desamor.
A la desaprobación y al desprecio.

Apego

A la fuente de seguridad personal.
A las señales de confiabilidad y permanencia.
A las manifestaciones de afecto y de deseo.
A la admiración y al reconocimiento.

Fuente: Walter Riosso, Amar o depender, Ed. Norma.

POR QUÉ ALGUNAS MUJERES NO SE ANIMAN A SEPARARSE

INFOGRAFÍA: PERFIL

*Motivos familiares
No quieren provocar trastornos a los hijos.
Tienen deudas contraídas con la familia política.
Hay otros afectos en juego.

*Motivos personales
Miedo a la no asistencia en la vejez, simbiosis o codependencia.
Miedo a la soledad.
Adicción a un estilo de vínculo difícil de romper

CONCLUSIONES

Si consideramos que el amor es un sentimiento que nos vincula con los demás (y con nosotros mismos) deberíamos tener en cuenta que los sentimientos son cambiantes; se mueven en forma pendular.
* Uno se puede vincular con los demás a través de un amor intenso, del tipo de enamoramiento (que suele darse al comienzo de una relación), y luego pasar a un amor menos ilusorio, pero más estable.
* En este tránsito, que es de maduración, existe también la posibilidad de llegar al aburrimiento o al odio, y creer que el otro es el verdadero causante de todos nuestros males.

Pero si todo cambia ¿por qué no admitir que el amor idealizado también va a cambiar en algún momento?
* Si lo que se modifica es el estado de enamoramiento inicial, es mejor que así sea. Porque el enamoramiento es un estado anímico en el que se descargan o depositan una serie de expectativas que tienen que ver con: a) lo que uno es, b) lo que uno fue y c) lo que una desearía ser.
* Este fenómeno implica una hipervalorización del objeto de amor que va en detrimento de la propia autoestima.
* Cuanto mayor es la idealización del otro, menor es nuestra autoestima, mayor sensación de vacío interior y sometimiento al otro.
* Es deseable que el estado de enamoramiento pase y ceda lugar al verdadero amor, donde cada uno se hace cargo de lo que es y puede por tanto realizar sus potencialidades y su vocación, en compañía de la pareja que eligió.
Fuente: Iris Pugliese, psicóloga.

ESTADÍSTICAS

El 69 por ciento de los matrimonios padece problemas perpetuos que esconden conflictos subyacentes y terminan por atascar sus emociones.
Fuente: John Gottman –Universidad de Washington.
En el laboratorio del amor, durante 20 años de trabajo, con más de 2.800 matrimonios auscultados, sólo el 27% sobrevivió a la prueba, el 62% eligió el divorcio y el 11% restante continúa con el vínculo matrimonial, pero sin convivencia.
Fuente: John Gottman, Universidad de Washington.

HAY QUE SER MUY VALIENTE PARA CONVIVIR

La psicóloga y mediadora Olga Gutman conjetura que “las parejas que llegan a un acuerdo previo antes de la convivencia son las que luego tienen más capacidad de diálogo. Estos acuerdos previos no tienen por qué ser inamovibles, por supuesto, hay que ir adaptando los deseos de cada uno a las necesidades del otro. En otras épocas se consideraba que una persona era muy valiente para separarse, para mí hoy hay que ser muy valiente para seguir conviviendo, para mantener ese amor que se sintió en un principio. En muchos casos, si la persona no es madura afectivamente, se acaba el amor cuando el otro aparece como lo que es, un ser humano real. Estas personas piensan que la solución es cambiar de pareja y volverse a enamorar, pero no se dan cuenta de que el problema es personal y que lo van a trasladar a las parejas futuras. Esperar que el estado de enamoramiento y la pasión inicial perduren es una idealización de la pareja.
El sentimiento se va corriendo de lugar. En las investigaciones de pareja que se han hecho, el estado de enamoramiento puede llegar como máximo a cinco años”.

LA LIC. IRIS PUGLIESE AGREGA

“Es deseable que el enamoramiento pase cuanto antes y ceda el lugar al verdadero amor.”

APOSTILLAS

PROMETEMOS SEGÚN NUESTRAS ESPERANZAS Y CUMPLIMOS SEGÚN NUESTROS TEMORES: Francois de la Rochefoucauld.

NADIE ES CAPAZ DE EVITAR EL AMOR Y NADIE ES CAPAZ DE EVITAR QUE SU AMOR SE ACABE: Molière.

LO VERDADERAMENTE MÁGICO DEL PRIMER AMOR ES LA ABSOLUTA IGNORANCIA DE QUE ALGUNA VEZ VA A TERMINAR: Balzac.

CUANDO LA POBREZA ENTRA POR LA PUERTA, EL AMOR SALE POR LA VENTANA: Thomas Fuller

EL AMOR ES COMO DON QUIJOTE, CUANDO RECOBRA EL JUICIO ES PARA MORIR: Jacinto Benavente.

PARA SEGUIR LEYENDO

* Si nos queremos tanto por qué estamos tan mal. De Mira Kirshenbaum, Atlántida.
* La experiencia del amor, de Robert J. Sterneberg, Paidos.
* ¿Me quedo o me voy?, de Mira Kirshenbaum, Norma.